Siempre regreso feliz de mis viajes, porque vuelvo; y triste, porque regreso. Después los guardo en este escondite; para que no se pierdan, para que nunca terminen.

martes, 10 de agosto de 2010

El regalo de la Estación

Te la encuentras según llegas. O según sales, claro, depende.
No se sabe muy bien si la diseñó Eiffel o uno de sus discípulos pero, la cosa es que, si te fijas, aquella antigua estación de ferrocarril, tiene su encanto… perfecta fusión arquitectónica de hierro, cristal y ladrillo.












Aquel día entramos en el salón de su casa y notamos una presencia extraña… como si nos estuvieran observando…
En una de las paredes, lucía, olvidado, un cuadro de aquella estación, consecuencia de un encargo.
O de un regalo, no sé bien.
En la pintura se reflejaba perfectamente cada rasgo de la estación; incluso sus imperfecciones. Reflejaba tanto realismo que parecía tuviera vida propia.
Hiciera lo que hiciera, hablara de lo que hablara, se me iba la mirada hacia el cuadro omnipresente.
Finalmente, casi asustado por aquella presencia, me fui.


Días más tarde, al arrancar mi moto y abandonar la ciudad, pasé por delante de la estación y no pude por menos que parar y hacer una fotografía.

Después de todo, aquel cuadro de la antigua estación de ferrocarril de Almería… tenía su encanto.

viernes, 30 de julio de 2010

EL CUMPLEAÑOS


Algunas tardes me quedo observando el sol y recuerdo aquel fin de semana...




Y en ocasiones veo motos…
Motos que salen del polvo, del sol, de las flores, de mi moto…
... por cualquier sitio veo motos.









Cierro los ojos y veo una tarta,
veo amigos que llegan en sus motos (ejem, ejem) desde cualquier lugar de España,
veo una camisa de flores,
un perro enfadado veo…

y risas, oigo muchas risas…







Y veo una villa con duquesa,
curvas castellanas, bacalao extremeño (?), doble serpentina en ocasiones, veo.

Moteros que de moto cambian,
un calor que achicharra, un barrio judio ¿veo?...
sombras, caminos de polvo, un sol que se va, una manguera traviesa…
comida, veo mucha comida; y ron miel…

y sonrisas, muchas sonrisas yo veo…













Veo piedras doradas llenas de sabiduría,
catedrales, plazas yo veo…
un perro con gafas…
recibo y doy besos y abrazos…
personas muy felices, veo…

Y amigos que se van, amigos que se quedan, yo veo.









Veo que Juanma…
… que Juanma tiene un año más, yo veo



viernes, 16 de julio de 2010

El Escudo Escocés





Aquella tarde el Sultán descansaba en territorios de duquesas.
De anómala forma llegó hasta allí un coche remolcando una veterana, curtida y preciosa motocicleta.
De su interior se apearon hermosa señora y grandote caballero.
Se acercó al Sultán y le entregó una pequeña caja traída no sólo desde cántabras tierras, sino desde aquel lejano lugar en el que los señores lucen falda sin pudor; en el que el sonido de las gaitas inunda valles y montañas; en el que mil lagos protegen mil castillos… allí donde abundan dragones, clanes, duendes, magos… donde llueve todos los días, donde las doncellas son pelirrojas, donde los caballeros beben whisky... donde las curvas son infinitas, donde las carreteras son un sueño, donde el viajero siempre quisiera volver

Sobre aquella hermosa montura la cajita había llegado a través de un millón de curvas, mares, puertos, valles, fronteras… y, al fin, le fue entregada.
El Sultán, emocionado, la abrió y encontró un diminuto escudo forjado al calor de la amistad; lo suficientemente fuerte para proteger del mal, lo suficientemente grande para lucirlo en el pecho; lo suficientemente hermoso para provocar una sonrisa.
A escondidas, soltó una lagrimita hacia dentro y, en silencio, se fundieron en un abrazo.

Y dicen los que le han visto, que desde aquel día el Sultán presume de escudo en todos sus viajes.
Para que le proteja.




Un honor, Don Juan.




martes, 13 de julio de 2010

El "motero" antipático



¡¡¡jo!!!

ya nadie me saluda cuando cruzo con otra moto...
Aquella costumbre tan motera de saludar con las ráfagas de nuestros focos o levantando la mano con dos dedos en forma de V al ver que de frente se acercaba otro "chiflado" con tu misma afición, con tu misma forma de ver la vida, con tus mismos problemas en forma de guardarraíles... ha muerto.
ya nadie se para a preguntarme si necesito ayuda cuando estoy parado en una cuneta...
Aquella costumbre tan motera (cuando ser motero significaba ser solidario) de parar y averiguar qué ocurría, prestar una herramienta, un litro de gasolina, un móvil, echar una mano, un parlao o un pitillo... ha muerto.
¿Será que ahora, para tener una moto ya no significa ser motero?
Será...
Ahora cuando te cruzas con alguien sobre una moto, no sabes qué aficiones tiene, ni cómo verá la vida... aunque seguro que tiene los mismos problemas que tú en forma de guardarraíles, de pinchazo, de locos conductores que no respetan a los motociclistas, de seguros inseguros, de ser malvisto por media sociedad (los moteros conducimos como locos, dicen), de ser ignorados por las autoridades...
No estaría mal que, después de todo, volviéramos a ser algo solidarios.
Por si acaso, si algún día me cruzo contigo,ten por seguro que, yo, sí te saludaré.


miércoles, 7 de julio de 2010

La llamaban Molinera







El día en el que mi amigo Julián propuso llevarme hasta un molino de viento no podía imaginar la sonrisa que iluminaba mi rostro. Por supuesto, acepté.

La primavera estaba ultimando sus días; esta primavera que nos ha llevado, sin aviso, del frío al calor, de tormentas a sol, de viento a calma chicha… pero aquel día hacía sol a primera hora de la mañana.
Julián imaginó sobre el mapa una carretera por la que apenas cabría un coche, repleta de curvas, mal asfaltada… el sueño de cualquier mañana dominguera.






Y luego se nublaba… y el asfalto mejoraba… y salía el sol… y llegaban más curvas… y pasábamos de Alicante a Valencia, de Valencia a Alicante… yo ya no sabía dónde estábamos; sólo estaba seguro de estar pasándomelo muy bien, de estar disfrutando de aquella jornada motera cuando, allá a lo lejos, divisamos las esbeltas moles a las que nos fuimos acercando negociando algunas curvas más.



Allí, al refugio de las inmensas aspas iba recapacitando sobre cuánto han evolucionado los molinos a lo largo de los siglos… a pesar de que el mecanismo sigue siendo el mismo. Dice Jaume Torres, experto en BMWs y amigo mío, que puede evolucionar la mecánica pero que las leyes de la física siguen siendo las mismas que hace mil siglos. Pues eso.




Y contemplando el baile de unos molinos con otros lancé un beso al aire para que las aspas lo esparcieran a través de los siete vientos porque, allí, bajo un molino, recordé que, a mi Madre, la llamaban Molinera.



martes, 29 de junio de 2010

VOLVER












Las dos horas de viaje en un barco que luchaba contra las olas, rumbo a mi querida Isla, fueron especialmente emocionantes.
Y más aún lo fue el volver a flotar con las ruedas de mi moto sobre sus hermosos parajes.

Aunque hayan pasado cuatro meses desde que me fuera, tenía la sensación de que seguíamos formando parte del paisaje de Ibiza…


Volver a asomarnos a Es Vedrá… fue mágico…





Volver a confundir el azul de Simba con el del mar… fue un verso del alma…





Volver a juguetear con las curvas del interior de la Isla… fue un privilegio…








o con las de su costa...








Volver a ver a mis amigos en los retrovisores de mi montura… fue un honor…








Volver a descubrir que algunos días comienzan cuando el sol se esconde en el mar… fue una travesura...








Pero, paradójicamente, coger el barco de vuelta para volver a casa, era lo que quería.

lunes, 7 de junio de 2010

De nuevo Sultán

No sé cómo me perdí pero no había duda de que me había perdido.

El laberinto de callejuelas no tenía lógica alguna. La moto pasaba a duras penas entre los mercaderes que acababan de cerrar sus negocios e iban apareciendo y desapareciendo entre nuevas y estrechas callejuelas que yo no comprendía cómo surgían de la nada…

Por primera vez en el viaje sentí frío.

Y oscuridad, sentí oscuridad. Casi miedo.

De algún lugar apareció una cara sonriente.

-¿todo bien, amigo?- me preguntó

Decidí quitarme el casco para tranquilizarme y contestar que no.

-¿pero tú no eres de aquí? con esa cara pensaba que sí, con esa matrícula no. ¿dónde está tu sultana?

-en España, contesté.

-ah, está “de rodríguez”… pero si tienes sultana… entonces tú eres sultán… es como si fueras turco, como yo… ya te lo decía, ¡con esa cara!. Pasa y tómate un té amigo sultán.

Y aquella tarde de mayo, fría, en aquellas callejuelas sin sentido que rodean el “Gran Bazar” de Estambul comprendí que aquel mote que últimamente ya no me hacía tanta gracia, tal vez, no fuera tan mala cosa…