Siempre regreso feliz de mis viajes, porque vuelvo; y triste, porque regreso. Después los guardo en este escondite; para que no se pierdan, para que nunca terminen.

lunes, 12 de marzo de 2012

Camino Soria



LA ESCANDINAVA
Abrí la puerta y allí estaba ella, recién llegada de Finlandia, tan negra, tan limpia… sólo por verla ya me estaba entrando calor... Mi imaginación se adelantó a los hechos y ya me veía, con ella, cruzando fronteras, atravesando montañas  heladas, disfrutando de los días de lluvia, saboreando las largas jornadas de frío... se trataba de mi nueva compañera de aventuras, mi nueva chaqueta requetemolonaychachi de Yoko.
Y como yo había oído hablar muy bien de ella (de la finlandesa, digo) y como yo había oído hablar muy bien de ella (de la nacional 111, digo) y como yo había oído hablar bien de ella (de la canción de Gabinete Caligari, digo), me la puse, la arranqué y, silbando, me fui, camino Soria.




LA NACIONAL

En los albores de aquella fría mañana del invierno de 2012 (caray, si fue hace dos semanas) el viajero se puso su chupa guapa y se dispuso a ascender hasta la meseta atravesando la gélida niebla, cruzando puertos y montañas, desafiando la gravedad en las curvas... Bueno, que en 50 kilómetros ya estaba en Vitoria y me paré a tomar un café.







Yo había visto que Fernando Retor había pasado una noche en el condado de Treviño, en una casa que da mucho miedo, así que pensé, que, tal vez, yo también pudiera pasar por ahí. Aunque sea a toda leche, que a mí me da miedo de verdad. Y así fue como el viajero llegó, paró y se fotografió en ese condado que es un trozo de Burgos dentro de Álava. Cosas del pasado.



Lo bueno de ese follón interautonómico es que no se ponen de acuerdo en quién paga la autovía. 
Así que no hay. 
Así que hay unas carreteritas muy chulas. 
Así que yo iba muy contento, cantando por dentro del casco, así que yo iba ignorando el frío, tan calentito dentro de mi chupa nueva.



Y aunque se supone que debía subir el puerto de Herrera debí perderme, porque yo creo que por ahí no pasé. Pero no debía estar tan perdido porque por donde yo pasé era un lugar muy chulo. Y apareció la nieve en lo alto de las montañas, primero. Y apareció la nieve en las cunetas, después. ¡oh!, pensé.





Yo podía haber llamado a mi amigo David al haber llegado a Logroño. Pero no pude por dos razones muy poderosas, a saber: no tengo su número de teléfono y yo, que lo sepas, iba camino Soria, y si le llamo nos liamos y no salgo de la capital riojana en todo el fin de semana y, ya te digo yo que, camino Logroño, no hubiera quedado igual para el título de este relato. Si no que se lo pregunten a Gabinete Caligari.
Así que, rodeado de bodegas, enfilé la nacional 111. Maese Gustavo Cuervo la había recomendado entre una de sus mejores rutas por España y yo quería ver cómo era eso, que tamaña recomendación no debía, ni podía, caer en saco roto.
Una ola de frío siberiano que llegó hace unas semanas impidió que este mismo tramo lo disfrutara con los “sultanitos” cuando vinieron a la Península. Así que, a cada curva me iba acordando de ellos... a cada “momento foto” me iba acordando de ellos... a cada bar , me iba acordando de ellos... y cada vez que miraba el termómetro de mi moto, me iba acordando de ellos también. Quede pendiente esta ruta acompañando a aquellos amigos míos que se encuentran aislados en una isla. Je.





POR AQUÍ NO ERA...

Pero yo seguía con mi objetivo, yo seguía... camino Soria.
Y sin darte cuenta ya estás llegando a la capital numantina. ¡Jo, qué pronto!
-¡Oh, un cruce! 
Así que me fui de Soria, sin haber llegado, si quiera, a Soria. Así que llegué a Vinuesa, la espectacular Vinuesa, pasé junto a “la Cuerda del Pozo”, por los Molinos de Duero y arribé a Calatañazor, ay, Calatañazor. En un paraje sinigual se encuentra esta sinigual población. Si lo has visto, ya lo sabes. Si no lo sabes, vete a verlo.
Tierra de batallas, de musulmanes, judíos y cristianos... de médicos, fortalezas, rollos, poemas y buitres... ah, y de sabinas.
Y pareciome haber retrocedido en el tiempo cinco siglos o seis. Y con mi moderna armadura, a lomos de mi fiel jamelgo, recorría en silencio las calles del patrimonio. Parecía que en cualquier esquina iba a aparecer alguna doncella de palacio, aclamando la llegada del viajero o huyendo de algún malvado califa para que yo la defendiera de tal afrenta. Mas no apareció doncella alguna, ni alguna heredera del algún reino, condado o ducado. Si no, de qué iba a estar yo haciendo fotos a piedras y buitres...












Y como el hospedaje que encontré tenía las cañerías estropeadas me fui de allí por la primera pista que encontré, que llegaba hasta una puerta que no pude abrir y me obligó a dar media vuelta, disfrutando de la preciosa pista dos veces por el mismo precio. Yo pensaba que lo de camino Soria era otra cosa pero, de todas formas, mola.
Cuando de noche, cansado, llegué a Abejar, comprobé que tenía, al menos, dos bares y un hotel. Así que, el viajero, se hizo fuerte al calor de unas migas sorianas (gracias Mari), en la barra de aquel bar.
Y no pretenda el lector que cuente nada más de aquella noche fría. Fría por fuera...




LA LAGUNA BLANCA



Que fuera a la Laguna Negra, me habían dicho. Que volviera por la ruta de los dinosaurios, me habían recomendado. Que no me perdiera la sierra de la Cebollera, me habían aconsejado. Que si los Cameros, que si las lagunas de Neila, que si Valdezcaray, que la ruta de los monasterios, la de los peregrinos, la de las bodegas... qué equivocado está el que crea que no hay gran cosa en esta zona.
Así que me fui hacia la Laguna Negra, que me trae grandes recuerdos ciclistas. El día estaba despejado pero hacía un frío del copón. Bueno, imagino, porque yo, con mi Yoko, iba más feliz que una perdiz.
Cuando aún quedaban ocho kilómetros de ascensión hice gala de ser un viajero curtido y experimentado en miles de singulares peripecias. Paré mi moto donde pude y me quedé, absorto, escuchando el silencio de la mañana. Todo un privilegio disfrutar de mi soledad en aquella empinada rampa.
El frío golpeó mi rostro (no me importa, soy motero). Observé con atención las copas de los árboles y la mirada de las vacas. Arranqué algo de hierba y la lancé con un movimiento solemne por encima de mi cabeza, atendiendo hacia dónde caía. Me temí lo peor. Comprendí que, aquella mañana, no iba a poder llegar hasta la oscura laguna... Bueno, por todo lo que te he contado, porque el asfalto había desaparecido debajo del hielo y porque un coche que bajaba dando trompicones paró a mi altura y me advirtió de que dos curvas más allá era imposible seguir, ni con cadenas, ni con rosarios. Y yo no soy tonto.




Y me perdí en un bosque en el que, te lo digo yo, había duendes. Fijo. Y aparecí en una carretera, casi inexistente, que seguramente se construyó no para ir a algún lugar sino para pasar por algunos. Precisamente por eso, era mágica. Me perdí en un cruce. Me preguntaron en una aldea. Me retraté en un arcén. Me asustaron en una curva... Ningún conductor del mundo entero debía conocer aquella ruta, de otra forma no se comprende que en una hora apenas me cruzara con ningún vehículo.
De cuando en vez, las autoridades se disculpaban, por escrito, porque el firme se encontraba en mal estado. Que de firme no tenía nada, vaya. Imagino que lo hacían de coña, porque a mí me parecían los mejores tramos. Sin duda, el típico sentido de humor soriano.
El impresionante y nevado puerto de Montenegro me escupió a la LR 113. 












Pagué uno veinte por café con leche y un sobao más grande que mi casco en Viniegra de Abajo y prometí que lo contaría. Y te lo cuento. 
Si la N111 era totalmente aconsejable ésta es especialmente recomendable. De los muy mejores kilómetros que he recorrido en mucho tiempo. Curvas rápidas, curvas lentas, curvas bien asfaltadas, curvas sin asfaltar, curvas cerradas, curvas peligrosas, curvas, curvas, curvas... todas ellas en la garganta del río Najerilla.

DAME UNA PISTA


Decidí hacer una prueba seria a la suspensión de mi moto. Yo he leído, en ocasiones, que si algunos opinan una cosa u otra con un montón de términos técnicos que, si quieres que te diga la verdad, no sé qué significan. Pero yo soy un tío práctico. Así que compré una botella de licor de orujo a un paisano, la guardé en una de mis maletas y decidí seguir ruta por pistas de tierra, que hay un montón y bien bacheadas. Si mis enseres llegan sin gota de licor, es que mis muelles funcionan.
Una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando frente a mí apareció el Monasterio de Yuso... cuando en mi memoria fluyeron recuerdos de aquella primera gesada... ¡cuántos amigos guardo desde aquel día!
Con vistas al Monasterio Cisterciense de Cañas (¡rubia!) di buena cuenta de unas buenas judías con guindillas y otras viandas típicas de la zona porque, no te lo había dicho, la vida del motero es dura. Muy dura.






Así las cosas, divisé la cima de Valdezcaray, allí donde Raúl Alcalá se lastimó una corva después de una cronoescalada hace algunos años... Y sabiendo, como sé, que Dani en cuanto ve dos copos de nieve coge su gorrito y sus guantes y se va a esquiar, decidí subir a ver si estaba. Pero no estaba. Imagino que, desde Almería, le pillaba un poco a desmano.
Así que me fui a casa.
Y de aquel fin de semana en el que fui camino Soria, aunque no llegué; en el que busqué sultanitos, doncellas y a Dani, aunque no les encontré; en el que subí a la Laguna Negra, aunque reculé; en el que hacía mucho frío aunque, con mi finlandesa, no lo pasé... de aquel fin de semana, te decía, no tengo más que contar.
Bueno sí, que ir camino Soria... mola. 
Mola mucho.



12 comentarios:

  1. Y camino Almeria?
    No lo canta nadie?
    Pues vente que también hay curvas...
    Bonito relato Mc.

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    1. Gracias Javi, digo anónimo.
      A Almería hay que volver, con curvas o sin ellas ;-)

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  2. joder que grande eres, pero mira que me hubiese gustado hacerte de cicerón en esas tierras tan conocidas para mi, quien sabe, igual hasta hubiésemos topado nuestra alma con la de alguna doncella, quien sabe.

    un abrazo
    rioja

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    1. Pero mira que me hubiera gustado que hicieras de cicerón...

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  3. ...juer Mc...una oda a tu finlandesa, y no nos pones unas fotos de ella y nos cuentas un poco como la "conociste".

    Bonito relato, como siempre; voy a investigar ésa YOKO...si no has pasado frio en Febrero en Soria...tiene que ser espectacular!! je, je!

    Un saludo desde pucela.

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    1. www.yokoformoto.es Impresionante, de veras.

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  4. Gracias grande caballero por compartir aventura. Ya sabes que camino de algún lugar divisas molinos has de parar y tomar gachas para reponer.

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  5. Sólo decirte que te echaba de menos.... Necesitaba salir a dar una vuelta en moto... Me vale ir a cualquier sitio, pero no me gusta ir con cualquiera.... Tu cualquier sitio de hoy, llega a mi corazoncito...sabes que me perderé por esos lares, y por todos los que pueda , pero mi sonrisa hoy es mayor .... de nuevo, elegí viajar contigo.... Y asi, es otra historia... Un beso enorme....

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  6. Una maravilla de escapada, disfruta que son dos dias !!!
    Saludos.

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  7. Por fin te leo nuevamente,me ha gustado,hasta la próxima...

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