Siempre regreso feliz de mis viajes, porque vuelvo; y triste, porque regreso. Después los guardo en este escondite; para que no se pierdan, para que nunca terminen.

viernes, 16 de julio de 2010

El Escudo Escocés





Aquella tarde el Sultán descansaba en territorios de duquesas.
De anómala forma llegó hasta allí un coche remolcando una veterana, curtida y preciosa motocicleta.
De su interior se apearon hermosa señora y grandote caballero.
Se acercó al Sultán y le entregó una pequeña caja traída no sólo desde cántabras tierras, sino desde aquel lejano lugar en el que los señores lucen falda sin pudor; en el que el sonido de las gaitas inunda valles y montañas; en el que mil lagos protegen mil castillos… allí donde abundan dragones, clanes, duendes, magos… donde llueve todos los días, donde las doncellas son pelirrojas, donde los caballeros beben whisky... donde las curvas son infinitas, donde las carreteras son un sueño, donde el viajero siempre quisiera volver

Sobre aquella hermosa montura la cajita había llegado a través de un millón de curvas, mares, puertos, valles, fronteras… y, al fin, le fue entregada.
El Sultán, emocionado, la abrió y encontró un diminuto escudo forjado al calor de la amistad; lo suficientemente fuerte para proteger del mal, lo suficientemente grande para lucirlo en el pecho; lo suficientemente hermoso para provocar una sonrisa.
A escondidas, soltó una lagrimita hacia dentro y, en silencio, se fundieron en un abrazo.

Y dicen los que le han visto, que desde aquel día el Sultán presume de escudo en todos sus viajes.
Para que le proteja.




Un honor, Don Juan.




2 comentarios:

  1. Lo pequeño que es el colgante, pero lo mucho que significa.
    Mola.

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  2. Viniendo de Juan, seguro que te dara suerte... Sois grandes.... Suerte amigos

    Jose Cardalda

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