Algunas tardes me descubro fijándome en Toyto, ese torito de peluche que ha salido en la cúpula de mi moto... algunas tardes recuerdo lo cálido que es viajar con Amigos aunque el termómetro apenas se mueva del cero... recuerdo, algunas tardes, lo maravilloso que es ver nacer una amistad a través del adsl... lo divertido que es viajar cuando el plan es que no hay plan... lo fácil que es improvisar y olvidarte de los ¿problemas?... algunas tardes, decía, me descubro fijándome en Toyto, ese torito de peluche que compré como recuerdo de Sevilla el día que, sin casi saberlo, fuimos a Cáceres...
Pero, para que no te líes, empezaremos por el principio de los tiempos:
Cáceres (o así) según McBauman

Desde tiempos inmemoriales "la cofradía charra de la bella curva" (a veces de carretera, a veces no) tenemos la sana costumbre de acercarnos desde Salamanca a Cáceres el día de Nochebuena para regalarnos un suculento desayuno (en realidad sólo hemos ido un año; desde entonces siempre nos acordamos pero, por unas cosas u otras, siempre nos quedamos con las ganas de volver).
Este año las previsiones metereológicas no eran muy halagüeñas… pero teníamos tantas ganas de ir… Así las cosas nos acostamos con la idea de ir a Toledo en esta ocasión (o no) donde tampoco se tiene que estar mal, y, principalmente, de pegarnos un desayuno-homenaje en casa de Juanma. Y lo demás ya lo iríamos viendo.
Me despierto con la idea del chocolate con churros, coloco como puedo los restos de turrón que se me han pegado al cuerpo entre la ropa de invierno de la moto y me dirijo a una gasolinera. Aparece una señora muy enfadada diciendo que a ella nadie le ha enseñado a poner gasolina en el coche al sacarse el carné de conducir; me pide que lo haga yo. Busco la cámara oculta. Al estar oculta, no la encuentro. Sale el “gasota” exclamando que no es para ponerse así. Me nombran testigo. No acepto el cargo pero me quedo a ver qué pasa (y a repostar, que a eso había ido) Rellenan una hoja de reclamaciones y firman la paz.
Huyo en busca de “Toriles” primero y de los churros después.

Y procedemos en consecuencia con nuestro gran anfitrión no dejando ni las migas.
Con el estómago lleno de masa aceitosa y la boca de efluvios, tenemos a bien que no es correcto romper con una tradición que dudosamente ha nacido así que, con lluvia o sin ella, nosotros nos vamos a comer a Cáceres, oiga, y no hay más que decir.
Ponemos sobre aviso a Inmita y LuisFer que están pasando las fiestas en tierras extremeñas para que, o bien se escondan, o bien nos acompañen compartiendo mesa y mantel. Eligieron la segunda opción y nos pusimos muy contentos por ello. Chupi.
Desafiando las condiciones climatológicas adversas subimos a nuestras monturas.

Y “pallá” que nos fuimos. Y a ratos íbamos por la autovía y a ratos no. Y había dehesas con toros muy bravos pero yo no tenía miedo porque iba con mis amigos. Y si tuviera gachetobrazos les iría dando abrazos todo el rato, pero como no los tengo les iba haciendo fotos. Y así.

Y, una vez más, siguiendo la tradición, caballeros castellanos llegamos a tierras cacereñas.



Concretamos la cita con nuestros improvisados anfitriones, repartimos besos y abrazos y nos fuimos a tomar unos productos típicos de la tierra como aperitivo, primero, como comida, después.



Antes de la comida nos enseñaron dónde era menester disfrutar de los botellones cuando corrían años universitarios. Después de la comida nos enseñaron un cerro desde el que se ve, si subes, todo Cáceres. Y aquello, te lo digo, es muy chulo.





Entonces Juanma tuvo una visión: estamos a la misma distancia de Sevilla que de Salamanca… ¿por qué no vamos a cenar a Sevilla?

Y nadie supo responder por qué no, así que nos despedimos jurando un pronto reencuentro, y nos fuimos a Sevilla.

La temperatura era agradable para viajar en moto. Casi toda España estaba en alerta por las lluvias que estaban cayendo esos días y nosotros no nos estábamos cruzando con ninguna nube. Algunos campos estaban anegados. Las rectas se iban sucediendo una tras otra. Me acordaba de mi reciente visita a La Mancha, donde si alguien te indica que sigas recto, sigues recto de verdad.
Y se hizo de noche. Y empezó a hacer frío.

Siempre es emocionante llegar a la ciudad del No-do. Cuando huele a azahar, porque huele a azahar… cuando no lo hace, porque lo imaginas.
Y nos fuimos a Triana, que en ese barrio conoce Juanma unos cuantos antros en los que saborear viandas típicas de la zona, que en ese barrio nos había localizado María un buen hotel cuyo precio dejó claro Juanma al recepcionista en cuanto llegamos.
Resuelto el problema de la logística, nos fuimos de compras. No habíamos previsto pasar la noche fuera de casa así que no llevamos atuendos conformes con la capital hispalense.
¿Qué moda se llevará este año?



Y nos fuimos a la calle Betis. Mola.


Y entramos en los mencionado antros.



Y de cuanto aconteció aquella cálida noche de invierno, disfrazado junto a mis amigos, a orillas del río Guadalquivir, no seré yo quien diga nunca ni media palabra.

Todavía no se había levantado la niebla, y a duras penas se habían retirado las legañas, cuando los infatigables viajeros se fueron de visita turística

Y fuimos a La Maestranza y a la Torre del Oro




Y a la espectacular Plaza de España que ya te digo yo que es para verla…










Y camino a la catedral comprobamos los distintos medios de transporte de Sevilla.


Y llegamos



Compramos un toro de peluche cada uno para recordar tan magno fin de semana. Al mío, en homenaje a mis amigos lo bauticé al borde de la Giralda, con el nombre de Toyto. (Toriles y Topillo). Refrescamos un poco el gaznate y antes de que fuera demasiado tarde decidimos emprender el camino de vuelta a casa.



Y nos fuimos bien contentos.

Y no nos quedó más remedio que parar en Mérida a saludar a Augusto, que se había quedado de piedra

Y ya de noche, disfrutando de una gélida temperatura, regresamos a Salamanca. El fin de semana había sido tan inesperado como extraordinario. Habíamos puesto un eslabón más a la costumbre de ir en Navidad a Cáceres con la moto, habíamos comprobado lo cálido que es viajar con Amigos aunque el termómetro apenas se mueva del cero, lo maravilloso que es ver nacer una amistad a través del adsl, lo divertido que es viajar cuando el plan es que no hay plan... lo fácil que es improvisar y olvidarte de los ¿problemas?...
Por eso ahora, algunas tardes, me descubro fijándome en Toyto, ese torito de peluche que compré como recuerdo de Sevilla el día que, sin casi saberlo, fuimos a Cáceres...